¡Hola! ¿Cómo estás mi querido amigo cafetero?

Cuéntame si te ha pasado alguna vez lo siguiente: vas a Starbucks o a una supuesta cafetería «de calidad» donde te dan un café «de especialidad», vas a pagar una suma un poco alta (quizás 5 euros) , vas a sentarte a disfrutarlo y te das cuenta que sabe asqueroso.

Vale, quizás no asqueroso, hay pocos cafés que sepan mal, uno debe esforzarse para hacer un café asqueroso (y creéme que conozco a más de uno que hace cafés asquerosos, deberían darles un título para que lo colgaran en la pared, así sabríamos que no hay que pedirles uno nunca jamás en la vida).

Continuando. Imagina que el café no es malo, sino que está un poco quemado o quizás tengas suerte y esté «decente», pero estás seguro que por lo que pagaste es un robo.

Puede que te sientas estafado por el tamaño y el precio del café. Por ejemplo, un Lungo en algunos lugares puede ser minúsculo y costarte 4 euros (me pasó).

A mí me ocurrió algo similar hace poco. Cerca de la casa de un amigo hay un Mercado de comidas, donde ves diferentes tipos de comida, desde las clásicas pizzas, hasta comida tailandesa o cubana. En la entrada a ese Mercado se encuentra una cafetería. Como no podía ser de otra manera para un fanático del café, nos pedimos con mi amigo unos cafés. En mi caso pedí un capuchino, él pidió un expreso. El precio era básicamente el mismo, un poco superior a la media.

Nos fuimos con nuestro café a una mesa y nos pusimos a charlar. A dar el primer sorbo mi amigo se queja «está quemado este café». Probé el mío, tampoco era la gran cosa, había probado mejores cafés en mi propia casa (si tienes en tu casa una cafetera automática, posiblemente me entiendas). Sí, me sentí estafado… hasta que me puse a pensar en el negocio.

Lo más importante no es el café

Así como lo leés: lo más importante en Starbucks o en estas cafeterías de Mercados de comida no es el café.

Antes de que me quieras asesinar mientras te tomás tu quinta taza de café, permíteme explicarme.

A Starbucks no le importa que su café sea el mejor del mundo, del país, de la ciudad o incluso del centro comercial. No te vende el café: te vende la experiencia de formar parte de Starbucks.

Si le prestas un poco de atención al lugar te podrás dar cuenta que tiene colores armónicos, sillas bien distribuídas y cómodas, enchufes cerca, una música relajante y envolvente. Eso es por lo que pagás: por tu experiencia en el lugar, por la fotito de la taza con tu nombre mal escrito en ella.

Es un lugar agradable para tener una cita, para conversar con otra persona o incluso para trabajar si trabajas a distancia. Nadie te va a mirar raro si hablás por videollamada, nadie te va a echar así hayas tomado un sólo café. Fíjate en los geeks o los freakis, viven en Starbucks.

Así que ya sabes, la próxima vez que te parezca una estafa el precio que te están cobrando el café por la calidad del mismo, pensá que quizás no te están cobrando el café, sino el lugar, la experiencia… y si tu experiencia no fue agradable, quizás sí sea una estafa.

 

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